viernes, 20 de junio de 2008

Edificio arriba

Mientras se paseaba por el centro, observó la grandeza de los cuantiosos edificios que ahí se encontraban. ¡Cuánta suciedad y desesperación se derramaban por las ventanas! Contempló por más de tres minutos el rostro cansado de un vendedor. Pobre hombre, sus ojos se veían perdidos entre una rutina que le ralentaba el corazón, cada vez más. Después, observó a una señora pasada de peso que aglutinaba prendas con descuento entre sus brazos, decidida con ojos hipnotizados a comprarlas... pobre mujer, su ansiedad de elegir emanaba la triste realidad de su vida: un círculo consumista. Sin embargo, no hay cosa más única que mirar la expresión de los transeúntes, esa inmovilidad de ojos que carecen de expresión, obligándose a ensimismarse entre sus propias dolencias. Es que ya nadie puede andar con la vista en alto en esta sociedad que te atrapa como un pez gracias a la pesca de arrastre. Supiera uno que dicen esos ojos, quisiera en ese momento mirar más allá y encontrar esa llamita a punto de apagarse... Sus pupilas recorrían cada par que por ahí hallase interesantes, una curiosidad suprema la embargaba, sin embargo, decidió retirarse ya que una terrible oscuridad comenzó a emanar de cada caminante. Se paró de su asiento y se dio cuenta que la penumbra se propagaba cada vez con más rapidez, corrió con desesperación, tomó rápidamente un bus hacia su hogar, saltó de él al darse cuenta que parecía un hoyo negro, se escondió tras un grifo, pero éste también había adoptado un tono grisáceo... Intentó huír, le rogó al cielo por su subsistencia mental, sin embargo, las garras de esa lóbrega oscuridad la atraparon dejándola inmóvil. Aquella mirada perdida que contempló en cada uno de los transeúntes, empleados y compradores, se había instalado en sus ojos, obligándola a lucir un tono gris inexpresivo. Ya ahogada en un pantano, no supo más que de la sociedad y sus normas, la rutina había confiscado su diferencia.

Anhelo

Anhelo