martes, 2 de septiembre de 2008

Camionero sin rumbo

Iba un camionero por una carretera perdida entre erosionados suelos, con la música abundante y el volumen extremadamente alto, lo que lo ayudaba a aislarse de aquellas dudas que lo dejaban perpelejo. En la carga llevaba un violín, una máscara, una enorme caja de madera, un litro de jugo de uva y una botellita de agua bendita para las culpas. Cada vez subía más la música, no deseaba parar en ninguna parte... Increíblemente el combustible no se le había acabado, hasta que de repente sintió como el gigante de acero frenaba por falta de maíz, ¡qué pena sentía al verse perdido en medio de terrenos vacíos! Sin más qué hacer, se bajó de su medio de transporte y sacó el cargamento de él. Pasaron días, semanas, meses. Hasta que un día, muerto ya sin agua, sin jugo, con la caja de madera como almuerzo de termitas, las máscaras rotas de tanto uso, y el agua bendita revuelta entre su cuerpo, cerró los ojos y esbozó una sonrisa kilométrica. No hubieron frutos, ni llegó a ningún lugar, pero por lo menos, aprovechó cada pedacito de su carga. No busquemos fama, solo carpe diem...

Anhelo

Anhelo